En junio de 2017, Justin Kan (el fundador de Justin.tv, luego rebautizada como Twitch y vendida por 970 millones de dólares a Amazon), confirmaba lo que llevaba meses rumoreándose: había cerrado ronda de inversión de 10,5 millones de dólares para su nueva iniciativa. ¡Y era una startup Legaltech!

La misma se llamaría Atrium, se fundaba en EE.UU. y contaría con dos partes: por un lado Atrium LTS (Legal Technology Services) y por otra Atrium LLP (Limited Liability Partnership).

Atrium LLP era el despacho de abogados enfocado a las startups, con la particularidad que eran profesionales de grandes firmas trabajando siempre mediante tarifa plana (normalmente entre 500 y 2000 $ mensuales) y externalizando cualquier tarea no legal, y especialmente tecnológica, a la otra parte, Atrium LTS. Ésta era la empresa de desarrollo, creando el software que el despacho necesitaba o integrando mejor el que Atrium LLP adquiría.

Es decir, Atrium nacía como un despacho de abogados con un brazo tecnológico personalizado y exclusivo (o también podía verse de la otra forma, como una empresa de desarrollo Legaltech con un brazo legal personalizado y exclusivo).

En el fondo Atrium surgía tras las frustraciones de Kan al lidiar en numerosas ocasiones con abogados y despachos en sus aventuras de emprendedor. De esa forma, Atrium prometía la reinvención del despacho de abogados, priorizando la automatización de procesos, con mayor transparencia, costes más ajustados y una importante implementación de tecnología, incluyendo desarrollo propio.

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Hecha la presentación inicial, pasaba el tiempo y Atrium seguía creciendo y lanzando nuevas iniciativas, por ejemplo su Academia para enseñar a los emprendedores a conseguir capital.

Casi un año después de su lanzamiento, Atrium cerraba ronda de inversión de 65 millones de dólares y con uno de los grandes inversores de Silicon Valley a la cabeza, Andreessen Horowitz. La cosa se ponía seria. De fondo también había otro tipo de ruido, ya que dos de los cofundadores habían marchado. Pero fuera como fuera, Atrium se convertía en una de las Legaltech más destacadas, por inversión y por pedigrí de fundadores.

Esa nueva ronda de inversión también implicaba la adquisición de Tetra, una startup especializada en inteligencia artificial para analizar la voz, y la apertura de una división de blockchain y fintech.

Todo marchaba viento en popa. Incluso la prensa tecnológica no especializada en materia jurídica ya hablaba de la genialidad de Atrium y cómo se deshacía de mucha tarea legal tediosa y cara.

Y de repente… llegó el 13 de enero de 2020. Ese día Atrium anunciaba que se reestructuraba para enfocar con mayor seguridad su futuro, y el CEO (Justin Kan), comunicaba (aunque de forma algo ambigua), que prácticamente todos los abogados de Atrium eran despedidos (algo confirmado a posteriori). Es decir, que Atrium LLP (el despacho) mayormente desaparecía. Se quedarían algunos a nivel interno y los que desearan colaborar con la nueva red profesional de Atrium. Pero en buena parte el servicio legal pasaba a externalizarse.

Atrium ahora va mucho más allá de servicios legales, proporcionando una red de servicios complementarios a startups y sus fundadores, desde la contratación de un responsable de ventas a cómo reclutar talento técnico. En esa red tendrán cabida al parecer servicios legales externos.

Por su parte, parece que se quieren potenciar los desarrollos de Atrium LTS (la parte desarrolladora), y venderlos a terceros (incluyendo otros despachos). Es decir, muchas cosas nuevas pero el planteamiento único que se hacía al inicio (despacho + desarrollador personalizado) queda casi extinto.

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Justin Kan, el CEO de Atrium

¿Qué ha ocurrido para que el planteamiento tan distinto que se hacía haya acabado desmontado en menos de 3 años?

Nadie lo sabe con seguridad, pero sí es cierto que como se ha comentado al inicio, el planteamiento de Atrium (sin duda original), no es la primera vez que se ha hecho. Ya entre 2009 y 2014 existió un despacho con estructura dual, en el que una parte se dedicaba a las tareas legales y otra a procesos y tecnología. Se llamó Clearspire y su CEO fue uno de los gurús de la innovación legal norteamericana, Mark Cohen.

En su momento se dijo que Clearspire fracasó por luchas internas entre los fundadores, por ser un adelantado a su tiempo y por suponer la parte tecnológica un coste demasiado alto para el despacho. De hecho, Clearspire pivotó de forma muy similar a Atrium, cerrando el despacho y vendiendo a otros la tecnología desarrollada (aunque eso tampoco funcionó).

Atrium no ha llegado demasiado pronto, al menos viendo la tremenda ola pro innovación que vive el sector legal, y a nivel económico ha estado muy bien financiado. Sin duda ha sufrido problemas internos, pero no en teoría tan serios como para poner en cuestión el modelo.

El modelo dual no es tampoco tan extraño. Ciertamente no es lo común pero todas las Big Four podría decirse que presentan esa dualidad o por ejemplo el caso de la firma británica Reed Smith con la creación de GravityStack, entre otros despachos que han desarrollado spin-offs tecnológicas similares.

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Por tanto, si bien no sabemos seguro las razones del cambio tan drástico de Atrium, a partir de la información disponible podemos reflexionar y especular sobre algunos de los posibles motivos. Por ejemplo:

– Es razonable pensar que había cierto desconocimiento del fundador, Justin Kan, sobre el funcionamiento del sector legal y sus particularidades. Su interés por Atrium nació de su propia frustración usando servicios legales, pero quizá eso se quedaba corto a la hora de profundizar en la materia.

– Esa falta de conocimiento parece que se cubrió con socios especializados en materia legal, pero en poco más de un año una buena parte de ellos marcharon (por múltiples motivos).

– La firma (Atrium LLP) competía en un mercado (Silicon Valley) y en un nicho (startups) altamente competitivo y con muchos despachos ya asentados.

– El modelo de la firma (Atrium LLP) era en el fondo bastante clásico. Es decir, grandes abogados con sueldos altos. Sin embargo, el modelo de negocio se centraba en evitar la facturación por horas, se recurría a las tarifas planas, la tecnología disponible y aplicable no ahorraba tantas horas de abogados como era deseable y sus servicios en el fondo no escalaban.

– De acuerdo a lo anterior, los ingresos de la firma (Atrium LLP) raramente podían ser muy altos, y aunque fueran generosos, para nada debían ser tan grandes como para justificar los 75 millones de dólares en rondas de inversión.

– Como la firma (Atrium LLP) debía consumir una buena parte de los 75 millones obtenidos (había más de 70 abogados, se debían cubrir los sueldos y lo que se dejaba de ganar por el modelo de negocio), eso ponía todavía más presión en la necesidad de beneficios rápidos y grandes de la parte legal.

– Por otro lado, la parte tecnológica (Atrium LTS) parecía estar reinventando la rueda sin necesidad, aunque la tecnología desarrollada hasta el momento no iba más allá de un «Dropbox mejorado». Además, toda la inversión tecnológica era interna. Es decir, se creaba tecnología que no era ninguna revolución y que además no podía monetizarse licenciándola a otras firmas.

– Finalmente, muchas de las innovaciones «cacareadas» por la prensa, y la propia Atrium, están en marcha en muchas firmas con diferentes modelos pero sin duda más asentadas y sin la necesidad de empezar desde cero (y sin la inmensa presión de los inversores).

En resumen, Atrium no ha muerto, sigue existiendo y en principio el modelo dual se mantiene. Ahora bien, prácticamente sin abogados ya que se ha deshecho de casi todos los presentes. Por tanto, el modelo original de Atrium, como despacho revolucionario, sí parece haber muerto y fracasado.

Si el pivotaje hacia otros servicios no legales y un mayor foco en la parte tecnológica acabarán funcionando, es algo que habrá que ver (el precedente de Clearspire dice que no, pero Justin Kan también pivotó Justin.tv y eso acabó en Twitch).

Sea como sea, la historia de Atrium pone manifiesto lo difícil que es esto de innovar en general y en el sector legal en particular, incluso cuando cuentas con tremendo pedigrí y 75 millones de dólares.

¡Hasta la próxima!

Foto de portada de David Kovalenko en Unsplash

 

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